21 abr 2010

Se me olvido que te olvide...

Un recuerdo desde el africa
Un sueño con el liverpool bar
Y ella que siempre se va
Una foto de rolling stones
Mi vieja nunca los escuchó,
Y no me puse a llorar

Uh, los días en cualquier lugar
Perdido en un inmensa ciudad
En una rueda mágica,
Y él, el ángel de la soledad,
Protege, lava y cura este mal
Él no me abandonará.

Nuestra vida es un lecho de cristal
Y esta vida está hecha de cristal
Nuestra es un lecho de cristal
Un lecho de cristal para los dos

Uh, yo extraño esa fascinación
Un poster y una gibson les paul
Que nunca voy a olvidar
Recuerdo un día como hoy
Me fui de casa a tocar rock & roll
Y no volví nunca más

Nuestra vida es un lecho de cristal
Y esta vida está hecha de cristal
Nuestra vida es un lecho de cristal
Un lecho de cristal para los dos

Podrías verlo así,
Solo si supieras que yo sin ti ya no podría más vivir

12 mar 2010


Todavía me resisto, a la absurda tentación,
de pisar el freno, no pasarla bueno,
disfrazarme de alguien que no soy.
todavía tengo amigos, que me quieren como soy
siempre un poco loco y, todo lo que toco,
lo quiebro pido perdón.
Y acá me ves, escapándole al fuego que sigue quemando.
esa oración, libertad, ansiedad, un amor, soledad.
y así viví, mucho mejor ...
Todavía siento ganas, de llamarla alguna vez,
y decirle que, cuando ella se fue,
un viento me arranco de pie.

Todavía que respiro, nena cuando salgo a nadar,
por un mar oscuro, donde todo es duro,
y el agua se hace cristal.

Todavía que me rió, del amor del café y de dormir,
y si lo sufrí, fue casualidad,
un error nunca te hace mal.

Todavía que te quiero, y no quiero quererte otra vez
pero si con vos, tanto me aleje,
que volé y jamás regrese.

LOliLOliLOli

Perdon, pero no queda nada en mi. Se lo llevo todo... mas que esto no te puedo dar.

6 ene 2010

.1

Como un pacto sin firmar
ya no espero más de tí
tú de mí no esperas más
es un pacto sin firmar
en la planta de tus pies
traes arena de otro mar
te los limpio y me hago el loco
y com si ésto fuera poco
antes roto que doblarme
antes muero que dejarte
Y no espero que seas nadie
para mi no es importante
ya no bailo con princesas
pero te haré reina del baile
estoy a punto de romperme
porque me gustas con coraje
mira que te lo advertí
que te metes con quien no sabes
ya te habrás dado cuenta amor
que yo no hago cosas normales

17 dic 2009

ese ultimo momento

Ahora que tengo ocasión,quiero que hablemos los dostu, de mi;yo, de ti,del corazón, ¡que si!que nunca es bueno el momentohasta que no hay otra opción.siempre es el mismo cuento.....ese ultimo momento.Hoy que tenemos la oportunidad-la tengamos o no-,nos callaremos los dostu, por mi,yo, por ti,por no enredar , ¡ya ves!¿por que será que lo hacemos?incluso, viendo llegarese ultimo momento,cuando no queda tiempo,cuando no queda tiempo,para decir , siquiera:"te voy a echar de menos".Si vas a irte....vete, pero no te despidas;sal de noche, sal a oscuras,sal descalza y de puntillas,niña vete,vete y cierra la puerta,que no quiero verte salir de mi vida.No mas plazos aplazablessi ha de ser así.... adelante.y mejor este momento, déjalopara algún otro instante.acabemos cuanto antes,nadie tiene que arrastrarse,este ultimo momento, vívelo, y los demás,los demás, que aguanten.y los demás que aguanten.Ahora no tengo la ocasión-no la tengo, que no, que mas da, ya paso-,cuanto lamento que al finalno hablaremos ninguno de los dos,porque ahora nos sobra tiempopara pensar que pasoese ultimo momento, cuando no tuve tiempo, -ni tu-,para escribirnos versos de cuando aquellos besos.Si estas oyendo, vuelveNi siquiera saludes;con la luz de la mañana,abre puertas a patadas,niña vuelve, que no hacen falta razonesme muero por verte, volver a tenerteno mas dudas razonables,para mi no es comparableeste ultimo momento me roboel milagro de tenerte a cada instanteacabemos cuanto antes,con un siglo habrá bastante.este ultimo momento es de los dosy los demás, y los demás que aguanteny los demás.....

30 nov 2009

cosas rosas morsas

Callate, tapate los oidos fuerte fuerte fuerte muy fuerte ¿Oyes lo mucho que te quiero?....

Yo le he visto con una mujer de la que nunca habria tenido bastante,una mujer que se calo en cada molecula de su ser, que absorvio sus pensamientos, y le convirtio en un esclavo de voto hasta la obsesion. Llevo las cicatrices de ese amor en la cara. ¿No se lo has explicado nunca? ¿No le has explicado la diferencia entre el amor verdadero y una simple cama caliente donde pasar el rato?...


-No se porque penso en mi para que te ayudara, pero no pienso dejarte sola con todo esto.-Quiza por eso penso en ti,porque no me abandonarias......


Todos los relojes de la ciudadempezaron a zumbar y a resonar¡Oh! no dejes que el tiempo te engañeno lo puedes conquistaren jaquecas y preocupaciones la vida se diluyelentamente, y el tiempo nos vencera a todos, sea mañana o sea hoy....

Si de verdad existe alguna clase de Dios, no debe estar en ninguno de nosotros, ni en ti, ni en mi, pero quizas en un pequeño hueco entre nosotros. Si existe alguna magia en este mundo debe de estar en el intento de comprender a alguien al compartir algo. umm Lo se, es casi imposible lograrlo, pero.. ¿Que importa eso? en el intento debe de estar la respuesta.


El corazón me resbala por las tuberías de este cuarto y ya no hay forma de sacarlo.

-Mis sentimientos... mis sentimientos han cambiado,pero siguen siendo mi verdad. Y esa verdad eres tú.

Cuentan que construyeron la vía ferrea de los Alpes entre Viena y Venecia antes de que existiera un tren que pudiera realizar el trayecto, aun así lo construyeron, porque sabían que algún día llegaría el tren. Si hubiera tomado otro desvío, ahora estaría en otra parte, sería una persona distinta.

Los remordimientos son una perdida de tiempo, son el pasado que te priva del presente

15 nov 2009

Me van a tener que disculpar

LO PEGUE Y QEDO PARA EL CULO! PERO VALE LA PENA!!!!
Me van a tener que disculpar. Yo sé que un hombre que pretende ser una persona de bien debe comportarse según ciertas normas, aceptar ciertos preceptos, adecuar su modo de ser a determinadas estipulaciones aceptadas por todos. Seamos más explícitos. Si uno quiere ser un tipo coherente debe medir su conducta, y la de sus semejantes, siempre con la misma idéntica vara. No puede hacer excepciones, pues de lo contrario bastardea su juicio ético, su conciencia crítica, su criterio legítimo.Uno no puede andar por la vida reprobando a sus rivales y disculpando a sus amigos por el solo hecho de serlo. Tampoco soy tan ingenuo como para suponer que uno es capaz de sustraerse a sus afectos y a sus pasiones, que uno tiene la idoneidad como para sacrificarlos en el altar de una imparcialidad impoluta. Digamos que uno va por ahí intentando no apartarse demasiado del camino debido, tratando de que los amores y los odios no le trastoquen irremediablemente la lógica.Pero me van a tener que disculpar, señores. Hay un tipo con el que no puedo. Y ojo que lo intento. Me digo: no puede haber excepciones, no debe haberlas. Y la disculpa que requiero de ustedes es todavía mayor, porque el tipo del que hablo no es un benefactor de la humanidad, ni un santo varón, ni un valiente guerrero que ha consolidado la integridad de mi patria. No, nada de eso. El tipo tiene una actividad mucho menos importante, mucho menos trascendente, mucho más profana. Les voy adelantando que el tipo es un deportista. Imagínense, señores. Llevo escritas doscientas sesenta y tres palabras hablando del criterio ético y sus limitaciones, y todo por un simple caballero que se gana la vida pateando una pelota.Ustedes podrán decirme que eso vuelve mi actitud todavía más reprobable. Tal vez tengan razón. Tal vez por eso he iniciado estas líneas disculpándome.No obstante, y aunque tengo perfectamente claras esas cosas, no puedo cambiar mi actitud. Sigo siendo incapaz de juzgarlo con la misma vara con la que juzgo al resto de los seres humanos. Y ojo que no sólo no es un pobre muchacho saturado de virtudes. Tiene muchos defectos. Tiene tal vez tantos defectos como quien escribe estas líneas, o como el que más. Para el caso es lo mismo. Pese a todo, señores, sigo sintiéndome incapaz de juzgarlo. Mi juicio crítico se detiene ante él, y lo dispensa.No es un capricho, cuidado. No es un simple antojo. Es algo un poco más profundo, si me permiten calificarlo de ese modo. Seré más explícito. Yo lo disculpo porque siento que le debo algo. Le debo algo y sé que no tengo forma de pagárselo. O tal vez ésta sea la peculiar moneda que he encontrado para pagarle. Digamos que mi deuda halla sosiego en este hábito de evitar siempre cualquier eventual reproche.El no lo sabe, cuidado. Así que mi pago es absolutamente anónimo. Como anónima es la deuda que con él conservo. Digamos que él no sabe que le debo, e ignora los ingentes esfuerzos que yo hago una vez y otra por pagarle.Por suerte o por desgracia, la oportunidad de ejercitar este hábito se me presenta a menudo. Es que hablar de él, entre los argentinos, es casi uno de nuestros deportes nacionales. Para ensalzarlo hasta la estratosfera, o para condenarlo a la parrilla perpetua de los infiernos. Los argentinos gustamos, al parecer, de convocar su nombre y su memoria. Ahí es cuando yo trato de ponerme serio y distante, pero no lo logro. El tamaño de mi deuda se me impone. Y cuando me invitan a hablar prefiero esquivar el bulto, cambiar de tema, ceder mi turno en el ágora del café a la tardecita. No se trata tampoco de que yo me ubique en el bando de sus perpetuos halagadores, nada de eso. Evito tanto los elogios superlativos y rimbombantes como los dardos envenenados y traicioneros. Además con el tiempo he visto a más de uno cambiar del bando de los inquisidores al de los plañideros aplaudidores, y viceversa, sin que se les mueva un pelo. Y ambos bandos me parecen absolutamente detestables, por cierto.Por eso yo me quedo callado, o cambio de tema. Y cuando a veces alguno de los muchachos no me lo permite, porque me acorrala con una pregunta directa, que cruza el aire llevando específicamente mi nombre, tomo aire, hago como que pienso y digo alguna sandez al estilo de Y, no sé, habría que pensarlo; o tal vez arriesgo un vaya uno a saber, son tantas cosas para tener en cuenta;. Es que tengo demasiado pudor como para explayarme del modo en que aquí lo hago. Y soy incapaz de condenar a mis amigos al tórrido suplicio de escuchar mis argumentos y mis justificaciones para ellos.Por empezar les tendría que decir que la culpa de todo la tiene el tiempo. Sí, como lo escuchan, el tiempo. El tiempo que se empeña en transcurrir, cuando a veces debería permanecer detenido. El tiempo que nos hace la guachada de romper los momentos perfectos, inmaculados, inolvidables, completos. Porque si el tiempo se quedase ahí, inmortalizando a los seres y a las cosas en su punto justo, nos libraría de los desencantos, de las corrupciones, de las ínfimas traiciones tan propias de nosotros, los mortales. Y en realidad es por ese carácter tan defectuoso del tiempo que yo me comporto como la hago. Como un modo de subsanar, en mis modestos alcances esas barbaridades injustas que el tiempo nos hace. En cada ocasión en la que mencionan su nombre, en cada oportunidad en la cual me invitan al festín de adorarlo y denostarlo, yo me sustraigo a este presente absolutamente profano, y con la memoria que el ser humano conserva para los hechos esenciales me remonto a ese día, al día inolvidable en el que me vi obligado a sellar este pacto que, hasta el presente, he mantenido en secreto. Digamos que mi memoria es el salvoconducto para volver el tiempo al lugar cristalino del que no debió moverse, porque era el exacto lugar en que merecía detenerse para siempre, por lo menos para el fútbol, para él y para mí.Porque la vida es así, a veces se combina para alumbrar momentos como ése. Instantes después de los cuales nada vuelve a ser como era. Porque no puede. Porque todo ha cambiado demasiado. Porque por la piel y por los ojos nos ha entrado algo de lo cual nunca vamos a lograr desprendernos. Esa mañana habrá sido como todas. El mediodía también. Y la tarde arranca, en apariencia, como tantas otras. Una pelota y veintidós tipos. Y otros millones de tipos comiéndose los codos delante de la tele, en los puntos más distantes del planeta.Pero ojo, que esa tarde es distinta. No es un partido. Mejor dicho: no es sólo un partido. Hay algo más. Hay mucha rabia, y mucho dolor, y mucha frustración acumulada en todos esos tipos que miran la tele. Son emociones que no nacieron por el fútbol. Nacieron en otro lado. En un sitio mucho más terrible, mucho más hostil, mucho más irrevocable. Pero a nosotros, a los de acá, no nos cabe otra que contestar en una cancha, porque no tenemos otro sitio, porque somos pocos, estamos solos, porque somos pobres. Pero ahí está la cancha, el fútbol, y son ellos o nosotros. Y si somos nosotros el dolor no va a desaparecer, ni la humillación ha de terminarse. Pero si son ellos. Ay, si son ellos. Si son ellos la humillación va a ser todavía más grande, más dolorosa, más intolerable. Vamos a tener que quedarnos mirándonos las caras, diciéndonos en silencio “te das cuenta, ni siquiera aquí, ni siquiera esto se nos dio a nosotros”. Así que están ahí los tipos. Los once tuyos y los once de ellos. Es fútbol, pero es mucho más que fútbol. Porque cuatro años es muy poco tiempo como para que te amaine el dolor y se te apacigüe la rabia. Por eso no es sólo fútbol.Y con semejantes antecedentes de tarde borrascosa, con semejante prólogo de tragedia, va ese tipo y se cuelga para siempre del cielo de los nuestros. Porque se planta enfrente de los contrarios y los humilla. Porque los roba. Porque delante de sus ojos los afana. Y, aunque sea, les devuelve ese afano por el otro, por el más grande, por el infinitamente más enorme y ultrajante. Porque aunque nada cambie allá están ellos, en sus casas y en sus calles, en sus pubs, queriéndose comer las pantallas de pura rabia, de pura impotencia de que el tipo salga corriendo mirando de reojito al árbitro que se compra el paquete y marca el medio.Hasta ahí, eso sólo ya es historia. Ya parece suficiente. Porque le robaste algo al que te afanó primero. Y aunque lo que él te robó te duele más, vos te regodeás porque sabés que esto, igual, le duele. Pero hay más. Aunque uno desde acá diga “bueno, es suficiente, me doy por hecho”, hay más. Porque el tipo, además de piola es un artista. Es mucho más que los otros.Arranca desde el medio, desde su campo, para que no queden dudas de que lo que está por hacer no lo ha hecho nadie. Y aunque va de azul, va con la bandera. La lleva en una mano, aunque nadie la vea. Empieza a desparramarlos para siempre. Y los va liquidando uno por uno, moviéndose al calor de una música que ellos, pobres giles, no entienden. No sienten la música, pero van sintiendo un vago escozor, algo que les dice que se les viene la noche. Y el tipo sigue adelante. Para que empiecen a no poder creerlo. Para que no se lo olviden nunca. Para que allá lejos los tipos dejen la cerveza y cualquier otra cosa que tengan en la mano. Para que se queden con la boca abierta y la expresión de tontos, pensando que no, que no va a suceder, que alguno lo va a parar, que ese morochito vestido de azul y de argentino no va a entrar al área con la bola mansita a su merced, que alguien va a hacer algo antes de que le amague al arquero y lo sortee por afuera, de que algo va a pasar para poner en orden la historia y las cosas sean como Dios y la reina mandan, porque en el fútbol tiene que ser como en la vida, donde los que llevan las de ganar ganan, y los que llevan las de perder pierden. Se miran entre ellos y le piden al de al lado que los despierte de la pesadilla. Pero no hay caso, porque ni siquiera cuando el tipo les regala una fracción de segundo más, cuando el tipo aminora el vértigo para quedar de nuevo bien parado de zurdo, ni siquiera entonces van a evitar entrar en la historia como los humillados, los once ingleses despatarrados e incrédulos, los millones de ingleses mirando la tele sin querer creer lo que saben que es verdad para siempre, porque ahí va la bola a morirse en la red para toda la eternidad, y el tipo va a abrazarse con todos y a levantar luego los ojos hacia el cielo. Y hace bien en mirar al cielo, porque no sé si sabe, pero ahí están todos, todos los que no pueden mirarlo por la tele ni comerse los codos.Porque el afano estaba bien, pero era poco. Porque el afano de ellos era demasiado grande. Así que faltaba humillarlos por las buenas. Inmortalizarlos para cada ocasión en que ese gol volviese a verse una vez y otra vez y para siempre en cada rincón del mundo. Ellos volviendo a verse una y mil veces hasta el cansancio en las repeticiones incrédulas. Ellos pasmados, ellos llegando tarde al cruce, ellos viéndolo todo desde el piso, ellos hundiéndose definitivamente en la derrota, en la derrota pequeña y futbolera y absoluta y eterna e inolvidable. Así que, señores, lo lamento. Pero no me jodan con que lo mida con la misma vara con la que suponen debo juzgar a los demás mortales. Porque yo le debo esos dos goles a Inglaterra. Y el único modo que tengo de agradecérselo es dejarlo en paz con sus cosas. Porque, ya que el tiempo cometió la estupidez de seguir transcurriendo, ya que optó por dejar que los ingleses tuvieran todavía los otros días de su vida para tratar de olvidarse de ese, al menos yo debo tener la honestidad de recordarlo para toda la vida.